Tareck El Aissami, exministro de Petróleo, tras ser detenido. Foto: Fiscalía de Venezuela
Hay historias que no se dejan leer en una sola dirección. El caso de Tareck El Aissami es una de ellas.
Durante años fue una de las figuras más visibles del poder venezolano: vicepresidente, ministro, operador político, hombre de confianza dentro del aparato estatal. Luego desapareció al anunciarse su encarcelación, lo apartaron de su cargo y lo envolvieron en un silencio que duró más de dos años. Hoy reaparece como acusado y, al mismo tiempo, como alguien que denuncia haber sufrido incomunicación, aislamiento, falta de atención médica, torturas y obstáculos graves para ejercer su propia defensa. Lo hace, además, invocando su formación como criminólogo: una profesión que, al igual que hoy, le daba competencias precisas para reconocer la tortura, identificar el abuso del poder punitivo del Estado, documentar violaciones y defender a las víctimas. La diferencia es que antes las tenía y eligió no usarlas, en el presente las necesita porque es él fue seleccionado por el sistema penal.
El Aissami no llega a este proceso como un extraño al poder ni a su funcionamiento. Su nombre aparece en los informes de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, en particular en el documento de 2022 sobre crímenes de lesa humanidad cometidos a través de los servicios de inteligencia del Estado. La Misión lo ubicó dentro del círculo de confianza que habría ordenado detenciones y consultados cursos de acción que luego, a través de la cadena de mando, derivaron en violaciones cometidas por el SEBIN y la DGCIM. En ese mismo círculo aparecen Nicolás Maduro, Cilia Flores y Diosdado Cabello.
Tareck El Aissami durante su renuncia como ministro de Petróleo de Venezuela tras investigación en su contra. Foto: Prensa Miraflores
Por eso lo que dice hoy tiene un peso particular. No es que sus denuncias lo absuelvan de los señalamientos previos. Pero sí hacen algo que durante años el propio gobierno negó con insistencia: confirman que las prácticas documentadas por presos políticos, familiares, opositores y organizaciones de derechos humanos no eran invenciones ni excesos aislados. Ahora las relata con detalle alguien que estuvo en el centro del poder.
El proceso actual, sin embargo, no abre todas las puertas. El Aissami es juzgado por hechos vinculados a PDVSA y al manejo de recursos públicos. No hay causa por las responsabilidades que podrían derivarse de su papel como alto funcionario durante por graves violaciones de derechos humanos. El caso por el que es investigado mira hacia ciertos fondos y ciertos nombres, pero no hacia todo lo que debería mirarse. ¿Cuántos otros funcionarios estuvieron involucrados y siguen intactos porque aún pertenecen al núcleo protegido del poder?
Esa es la presbicia característica de la justicia venezolana: no ve lo que tiene cerca, pero se coloca lentes cuando recibe autorización para mirar. La selectividad no está solo en lo que se acusa; también está en lo que se decide no ver. El antiguo aliado cae en desgracia y es procesado; los demás permanecen fuera del alcance de cualquier investigación conocida.
También importa que El Aissami haya pedido un juicio oral y público. Esa solicitud no es un detalle procesal menor. Si el caso involucra corrupción, recursos públicos, poder político y disputas internas del oficialismo, los venezolanos tienen derecho a ver cómo se juzga. No obstante, el proceso avanzó hacia audiencias telemáticas y, con ello, más restringidas. En un caso así, la forma también habla: la publicidad permite ver; la opacidad permite administrar el relato.
En las audiencias recientes, las defensas plantearon nulidades por torturas, extorsión y graves violaciones al debido proceso durante la investigación. La jueza desestimó esos planteamientos. El Ministerio Público sostuvo que los vicios denunciados estaban convalidados y alegó desconocer denuncias formales sobre violaciones de derechos humanos. Acusaciones de enorme gravedad quedaron así cerradas procesalmente, sin investigación independiente conocida, sin respuesta. Convalidar torturas es que el sistema absuelve sus propios métodos y carga sobre sus hombros una responsabilidad que las instancias internacionales no debe perdona.
Lo que El Aissami dice haber sufrido no es nuevo ni una excepción en Venezuela. Es un repertorio conocido: incomunicación, defensa debilitada, opacidad, prisión como instrumento de presión, denuncias de abuso tratadas como obstáculos procesales, falta de atención médica La diferencia está en quién lo cuenta. Ya no es un preso anónimo, ni un opositor sin poder, ni una familia que clama desde afuera. Es un antiguo hombre fuerte del propio Estado. El a diferencia de Víctor Quero puede denunciar.
Y ahí el caso se ensancha. En las cárceles y centros de detención venezolanos no están solo los nombres que llegan a los titulares. Están los pobres, los desconocidos, los que no tienen abogado influyente, los que no pueden convertir su expediente en noticia. Para ellos, el retardo procesal, la prisión preventiva indefinida, la defensa endeble no son episodios extraordinarios: son la rutina.
Una cifra del propio discurso oficial ayuda a dimensionar esa realidad. Durante la apertura del año judicial de 2026, Delcy Rodríguez afirmó que el 68,8 % de las personas privadas de libertad pertenecen a los estratos socioeconómicos más bajos, y habló de la necesidad de enfrentar la “criminalización de la pobreza”. La frase vale precisamente porque vino de adentro: reconoce, desde el gobierno, que el sistema penal no golpea a todos por igual. Golpea con más fuerza a quienes tienen menos recursos, menos voz y menos herramientas para resistir.
El victimario convertido en víctima no deja de ser un posible victimario por denunciar abusos. Quien hoy describe con detalle la incomunicación, el aislamiento y la tortura fue parte del poder que construyó y sostuvo ese sistema. No lo frenó, no lo cuestionó, por el contrario, lo ejerció como instrumento para que el régimen permaneciera en el poder, y sus denuncias de hoy, aunque útiles para documentar, no borran esa responsabilidad.
Y es que concretamente se trata de preguntarse si un sistema que escoge qué investigar, deja sin respuesta graves señalamientos internacionales, restringe la publicidad del juicio y desestima denuncias de tortura puede producir justicia. Si la respuesta es no -y hay razones para que lo sea- entonces este caso no habla solo de El Aissami. Habla de los más de 55.000 personas privadas de libertad en Venezuela hoy, la mayoría sin nombre conocido, con causas donde se viola el debido proceso, con encarcelaciones que quizás nadie conoce, con condiciones de reclusión contrarias a la dignidad humana. Y habla de algo más amplio todavía: de una población entera expuesta a un sistema sin límites claros, sin garantías reales y sin respeto efectivo a los derechos. Un sistema que no es una anomalía ni un residuo del pasado, sino una estructura activa, capaz de alcanzar a cualquiera.
Referencias
- Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela. Crímenes de lesa humanidad cometidos a través de los servicios de inteligencia del Estado: estructuras y personas involucradas en la ejecución del plan para reprimir la oposición al Gobierno, A/HRC/51/CRP.3, 20 de septiembre de 2022.
- Efecto Cocuyo. “Torturas, irregularidades y petición de libertad: claves de lo que reveló El Aissami en su audiencia en tribunales, según exfiscal Zair Amundaray”, 11 de mayo de 2026. Disponible en: https://efectococuyo.com/politica/claves-de-la-primera-declaracion-de-tareck-el-aissami-torturas-irregularidades-y-peticion-de-libertad/
- El País. “La defensa de los acusados por el mayor caso de corrupción de Venezuela reclaman un juicio público y con garantías”, 5 de junio de 2026. Disponible en: https://elpais.com/america/2026-06-05/la-defensa-de-los-acusados-por-el-mayor-caso-de-corrupcion-de-venezuela-reclaman-un-juicio-publico-y-con-garantias.html
- El Pitazo. “Zair Mundaray asegura que jueza del caso PDVSA-Cripto rechazó denuncias contra Tarek William Saab”, 15 de junio de 2026. Disponible en: https://elpitazo.net/politica/zair-mundaray-asegura-que-jueza-del-caso-pdvsa-cripto-rechazo-denuncias-contra-tarek-william-saab/
- Acceso a la Justicia. “Presidenta interina quiere construir un ‘nuevo sistema de justicia’”, 3 de marzo de 2026. Disponible en: https://accesoalajusticia.org/presidenta-interina-quiere-construir-un-nuevo-sistema-de-justicia/